Jan 25

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Por Francisco Aravena

Algo interesante está pasando en la TV, y “Transantiaguinos” es una pequeña, a veces graciosa, a ratos fallida y a fin de cuentas dispareja evidencia. Que un canal grande como Canal 13 explore nuevos formatos representa un avance en una industria tan dada a la brocha gorda. “Transantiaguinos” es una serie de episodios cortos (ocho minutos), con cámara fija, una cuidada puesta en escena y mucho humor políticamente incorrecto. Los dueños de la franquicia local de “Camera café” - que debutó esta semana en Mega- acusaron de plagio a “Transantiaguinos” (si es por humor con cámara fija, que se afirme el “guatón del Armonyl”), y quizás ese resquemor sea un dolor de crecimiento. Lo interesante es que la TV chilena esté incorporando personas e ideas que buscan sus referencias afuera y no en los archivos del canal. Con esta serie, su creador, el cineasta Nicolás López, se ha integrado como rostro visible de una nueva casta llamada a renovar la televisión.

En abandonar el humor del pastelazo en la cara siempre hay un riesgo, y el principal que corre “Transantiaguinos” es el reírse de la tragedia del Transantiago. Es una buena excusa: la serie se sustenta en personajes obligados a compartir un paradero por mucho tiempo. La cohabitación obligatoria es de las más antiguas excusas dramáticas (la vecindad de “El Chavo”, la isla de Gilligan, la oficina de “La oficina”, etc.), y la premisa es que los paraderos son un nuevo lugar de encierro (en la realidad, claro, la gente no socializa tanto). Empezar a ver esa tragedia en clave cómica es por lo menos audaz.

El problema es que encerrar a los personajes es encerrar también al público, y dejarlo a merced de los personajes y sus diálogos. Y ahí es donde el pavimento se pone irregular. Nieves, la nana; Rolando, el vendedor; el empresario Tomás; Don Mario, el quiosquero; Ximeno, el hipocondríaco afeminado; Nati, la escolar pokemona, y Andrea, la universitaria–promotora, son un reparto disparejo.

Aun asumiendo las caricaturas intencionales, a veces las exageraciones hacen demasiado ruido, como que la nana se ponga a limpiar o que Ximeno grite como loca. Aunque a menudo los diálogos bordean lo cómico, lo incómodo y lo derechamente fome, el guión es coherente en su desarrollo. Además, en ocho minutos la mecánica del ensayo–error pasa sin hacer daño. La serie, como algunos de sus chistes, funciona por repetición, por lo predecible y por la empatía, y eso toma tiempo. Transantiaguinos parece ir bien encaminada, pero aún está en rodaje.

“Es una serie que funciona por repetición”.

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1 Comment

Comment by AN3

Made Tuesday, 1 of April , 2008 at 3:44 pm

ESTE GALLO NO SABE LO Q DICE NO LE HAGAN CASO MUCHACHOS SON SUPER BUENOS

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